Escuchando, y luego leyendo los discursos y alocuciones que han rodeado la entrega del Nobel de la paz para María Corina Machado, me han quedado algunos vacíos, el efecto contrario a lo que suele suceder en la entrega de premio al estilo Oscars, Goyas. Grammys, BAFTAS, etc; donde empiezan a tocar la música para que el premiado termine, cercenando muchas veces su larga lista de agradecimientos. En el caso del Nobel, los discursos han sido antes declaraciones que agradecimientos, es comprensible, no solamente es lo lógico e inteligente aprovechar el megáfono que significa, también es una parte importante del relato épico que se configura alrededor de la figura de Machado.
En cualquier caso en los textos echo en falta siempre un anexo, una letra pequeña, que clarifique los agradecimientos que debe María Corina Machado (M.C.M de ahora en adelante) a todos cuantos han hecho posible que sea hoy un símbolo de liderazgo irrefutable.
Primero y principalmente debería agradecer a la incompetencia, corrupción y abandono del gobierno Venezolano, que se ha empeñado en liderar y facilitar la empresa colectiva de descomposición del estado. Más que corrupción en Venezuela hay corrosión, todos los aspectos de la institucionalidad están oxidados como un mecanismo abandonado. Aquello que funciona lo hace o bien porque hay alguna parte del metal que mantiene su fortaleza estructural en la forma de funcionarios individuales, empeñados en hacer su trabajo a pesar de las limitaciones, o bien porque se engrasan muchos engranajes en el camino.
Contrario a lo que muchas veces se promulga, uno de los fines explícitos del comunismo es la desaparición del estado en tanto que su razón de ser es eminentemente coercitiva, pero este desmantelamiento del aparato estatal debe ser el resultado de la conciencia y el empoderamiento popular, una pista más de que en Venezuela hay, de socialismo, poco. En Venezuela el estado se pudre, no se desmantela sino que se cae a pedazos y, como el cadáver de una ballena en el fondo del mar, se convierte en carroña para oportunistas. La diferencia es que en la naturaleza esa floración de grasa y músculo submarino es el último acto generoso de un gigante. En nuestra política el resultado es el envenenamiento de todos los actores de la sociedad.
A George W Bush. Es indudable que el perfil mediático y la proyección internacional de M.C.M. dio un salto considerable con la audiencia que sostuvo, en la sala oval de la casa blanca, con George W. Bush el 31 de mayo de 2005. No fue un gesto trivial, no se me ocurre que muchos activistas o presidentes de ONGs hayan disfrutado de tal deferencia; me es mucho más fácil imaginar conexiones de altísimo nivel entre el lobby cubano y el gobernador de la Florida por esos años Jeb Bush, hermano del presidente, o las no menos estratosféricas amistades que puede haber cultivado el cofundador de SUMATE Alejandro Plaz, egresado de Stanford University, asociado en McKinsey & Co. Gigantesca consultoría involucrada íntimamente con el poder político y económico mundial.
En mayo de 2005 recién se habían cumplido 2 años desde la invasión de Irak en busca de armas de destrucción masivas, no solo inexistentes sino forjadas por el ejecutivo gringo para justificar la invasión. Las comparaciones, dicen, son odiosas, pero también son el mecanismo básico de definición: por hacer un símil sería como si hoy en día un político o presidente de una ONG fuera recibido por Putin o Netanyanhu, ambos todos sonrisas, para discutir los derroteros democráticos del país del invitado. Me parece que no es una mancha fácil de lavar, pero se ve que el detergente en Noruega es muy bueno.
Al año 2002, sin duda el más trascendente de la política venezolana durante este siglo. En el 2002 la oposición al gobierno de Hugo Chávez tuvo su punto máximo de alcance popular y beligerancia, sus intentos fallidos para recuperar el poder político (a lo largo del año se hizo obvio que ocupaban muchos otros poderes) a principios y luego a final del año, debilitaron su fuerza y calado (al tiempo que cimentaron al propio Chávez) de tal manera que, hasta la enfermedad y muerte de Chávez y posterior ascensión de Maduro al poder, no volvieron a arremolinar fuerzas semejantes.
Cabe recordar que para entonces las reformas estatales eran pocas, que apenas se había aprobado la nueva constitución de la república y que el discurso chavista no había afianzado en su imaginario palabras como socialismo o radicalización, sino que se apoyaba en el nacionalismo y rescate de un alma y valores venezolanos ampliamente pisoteados durante los 40 años previos, durante el periodo de alternancia gubernamental AD-COPEI. Ya se encargaría el acicate reaccionario de dar estructura ideológica al batiburrillo de heridas y esperanzas que había llevado a Chávez al poder.
Para quien no sepa o recuerde el 11 de abril del 2002 se consumó un guion tan clásico en América Latina que más bien sabía a película repetida, los paralelos que se dieron entre el Chile de 1973 y la Venezuela del 2002, son casi cómicos; recuerdo ver años más tarde el maravilloso documental “La batalla de Chile” de Patricio Guzmán y era como si hubieran filmado en el pasado mi realidad presente, sentía una especie de déjà vu solo que en lugar de pensar “esto ya lo había vivido” pensé “nosotros somos la repetición, el déjà vu del continente”.
El 11 de abril una gran manifestación opositora se desvió de su ruta declarada para marchar hacia el palacio de gobierno, donde se habían concentrado también muchas personas afectas al gobierno. La marcha terminó con muertes de varios manifestantes opositores y chavistas; a raíz de esto en un video que luego se demostró había sido grabado y preparado con antelación a los sucesos, los altos mandos de las distintas ramas de las fuerzas armadas nacionales exigieron la renuncia del presidente, a quien arrestaron en esa madrugada.
El 12 de abril Pedro Carmona, el presidente de FEDECAMARAS (la asociación patronal), fue colocado como presidente de la nación, y en un decreto firmado por muchos líderes opositores, entre ellos M.C.M; y representantes de la principales empresas del país, disolvió todos los poderes e instituciones del estado.
El 13 y 14 de abril el guion se descarrió, quizás el celuloide de la película, de tantas veces repetida se quemó en el proyector antes de llegar al acto final, como decía, era una película vieja, todavía no se hacía cine digital. Chávez vuelve al poder y en lugar de aprovechar la circunstancia para replicar la purga a la que sometieron a su gobierno legítimo los 2 días anteriores, pidió calma, institucionalidad y reflexión.
En diciembre de ese mismo año y hasta marzo del 2003 se realizó un paro general convocado desde la misma organización patronal que, previamente al golpe de abril, había liderado Pedro Carmona. El paro petrolero se extendió por más de 2 meses y a quienes más afectó fue a los sectores más pobres de la sociedad que sin embargo fueron quienes sostuvieron al gobierno en el poder. Capeado este nuevo temporal, y de las cenizas de los cartuchos quemados, la ONG “SÚMATE”, liderado por M.C.M. (firmante del decreto Carmona) surgió como la representante de la oposición que finalmente se planteaba la pelea política con las herramienta del referendo revocatorio reflejada en la constitución que hacia menos de un año habían tratado de derogar.
A la ineptitud de la oposición política en Venezuela. El liderazgo de M.C.M. indiscutible a estas alturas, es el remanente de líderes manufacturados que han caído, uno a uno, en el olvido o la vergüenza del país, desde Henrique Salas Römer hasta Juán Guaidó, pasando por Carmona, Henrique Capriles, Leopoldo López y hasta futuribles como Yon Goicochea. Del mismo modo que Nicolás Maduro ha vivido desde un primer momento del liderazgo y la conexión popular que tenía Chávez, así M.C.M. ha sido el recipiente donde se concentra el destilado de las decepciones de gran parte de los venezolanos.
A los medios de comunicación nacionales e internacionales. Que los medios de comunicación son actores con una agenda política es una verdad evidente desde prácticamente su incepción, incluso hoy sin embargo hay quien no lo admite, ellos los primeros naturalmente puesto que parte de su poder reside en que hagamos la vista gorda a sus intenciones. Aunque como comenté antes el guion del golpe de estado en Venezuela era perturbadoramente similar al que terminó con el gobierno de Salvador Allende, incluido el papel central de “El Mercurio” en Chile; también es cierto que en Venezuela fue donde se pudo aprovechar por primera vez en este tipo de maniobras todo el poder de los nuevos medios globalizados. El relato que comenzó a configurarse desde los grandes medios de masas dentro y fuera del país sirvió no solo para manufacturar el consenso (a ojos de sus militantes) ante las derivas más escabrosas del descontento opositor; sino que también fue creando líderes a diestra siniestra que fueron quedando en el camino contra el arraigo popular de Chávez.
Poco a poco y de fracaso en fracaso la oposición misma consiguió minar el poder de sus medios internos y el gobierno aprovechó para convertir varios hoy en día en los voceros de una realidad oficial y disociada o bien en dichosos ignorantes de las dificultades cotidianas del venezolano; por tanto empezaron a depender más de los medios alternativos (que curiosamente fueron claves en la restitución de Chávez el 13 de abril de 2002) y de los medios internacionales, que son los grandes encargados de configurar una realidad que legitime la máxima de “el fin justifica los medios” respecto a Venezuela, no solo erosionando la imagen del gobierno (esto lo hace perfectamente bien el gobierno por si solo) sino apuntalando las figuras de liderazgo de la oposición, los nombres son casi intercambiables, artículos con líneas punteadas donde rellenar el nombre de la nueva aguerrida personalidad, antorcha de la esperanza.
Estoy convencido de que van a hacer una película con el viaje de la heroína M.C.M. más pronto que tarde, y cuidado si tiene éxito que se viene el universo cinematográfico de la oposición venezolana.
A la desmemoria colectiva y a la rememoria virtual. La memoria nunca ha sido el fuerte de las sociedades, pero esta característica me parece se ha agudizado profundamente en las últimas décadas. El recuerdo depende grandemente de la atención, repetición y reflexión. En un mundo donde se ha minado la capacidad de atención, donde los pensamientos tienen que entrar en 280 caracteres o 60 segundos de video para satisfacer al algoritmo y así dar hueco a los siguientes, inmediatos, 60 segundos o 280 caracteres, no es de extrañar que la capacidad de recordar sea paulatinamente reemplazada por la ansiedad de devorar.
Dicen que internet nunca olvida, pero no se puede olvidar ni recordar si no se tiene pasado y, de algún modo no demasiado abstracto, internet no tiene pasado. Una condición básica de la experiencia que llamamos tiempo es su dirección, absoluta, implacable; un pasado que se puede revertir no es pasado. La ley de la entropía no permite deshacer lo ocurrido, en el espacio virtual uno va hacia adelante y hacia atrás mayormente sin consecuencias, es una proposición peligrosa porque en el espacio virtual el pasado no necesariamente se estudia, enmienda o reforma al ampliar su comprensión (lo que llamamos historia) sino que se puede encubrir y sustituir, no es de extrañarse entonces que tengamos a los amos de siempre disfrazándose de combativos y perseguidos rebeldes.
A la doble mentira goebbeliana que es la política Venezolana. “una mentira repetida mil veces será una gran verdad” es el mantra de todos los actores de la política venezolana, donde quienes han avalado desde hace más de 25 años todo tipo de intentos antidemocráticos para volver al poder se dicen luchadores por la libertad y la democracia y buscan derrocar a un gobierno con actitudes y políticas de derecha que se llama a si mismo socialista mientras tiene intervenido el partido comunista venezolano.
Eduardo Galeano hablaba del mundo al revés, en Venezuela se ha llevado a la máxima expresión done ya vamos por la segunda vuelta y no basta con invertir el orden y la lógica de las cosas sino también su sentido, nuestro país del revés es un país que lleva las venas y las vísceras por fuera, y se desangra mientras las sanguijuelas y las garrapatas se disputan el botín.
A numerosas instituciones políticas y financieras internacionales, EL FMI, el Banco Mundial, la OEA, etc; quienes en nombre de la defensa de los malogrados derechos humanos del pueblo venezolano facilitan su socavamiento con sanciones a diestra y siniestra. Alguna vez se denunció a la OEA como el “ministerio de colonias” de E.E.U.U. muchas de estas instituciones son, desde su inicio, los eufemismos legales que le permiten ejercer a los gringos su tremendo poderío militar sin sonrojarse demasiado.
En medio de la corrupción poliquística del estado venezolano, o más aún de la sociedad venezolana, los Estados Unidos echan mano de su poderoso don de oráculo: no hay profecía más cierta que la que pone en marcha la propia sibila, por ejemplo: “Las drogas son una amenaza de seguridad para los Estados Unidos de Norteamérica” y luego: “Venezuela es la principal fuente del tráfico de drogas hacia los Estados Unidos“; después “El estado venezolano ha utilizado las drogas como un arma contra los Estados Unidos” y más tarde “las drogas son un arma de destrucción masiva”. Esta salmodia es repetida y amplificada por las numerosas probóscides de quienes revolotean el sermón de la liturgia gringa.
Por último tampoco debería dejar de agradecer a muchos venezolanos de izquierda que durante años nos dejamos quitar el derecho a la protesta revolucionaria, apabullados por el potentísimo megáfono de la protesta reaccionaria. Esta realidad histórica no justifica el eterno cierre de filas alrededor de un proceso cada vez más descompuesto, menos transformador, más preocupado por mantener el poder para cambiar que en los cambios mismos; siempre bajo la égida del “no volverán” y resultó que en muchos casos no necesitaron volver.
Estos agradecimientos tácitos, creo, sincerarían nuestra realidad si se dijeran en voz alta, los grados varían según el enfoque que se tenga, pero la culpa, no el honor, del Nobel es de todos.